lunes, 11 de mayo de 2015

La Mancha esconde las tierras raras que agitan el mundo.


Las calles de Torre de Juan Abad, en el corazón de La Mancha, están desiertas a eso de las cuatro de la tarde. Solo en el bar del Hogar del Jubilado, en el centro de este municipio de Ciudad Real de 1.100 habitantes, hay un poco de actividad; los parroquianos van llegando para tomar el café. Si a alguno se le pregunta sobre unos minerales llamados tierras raras, pone cara de extrañeza y se encoge de hombros. Así que tampoco saben qué tiene que ver su pueblo, que vive a duras penas de la agricultura, con la fabricación de los famosos iPhone, con la geopolítica mundial y las peleas comerciales de China con la Unión Europea, Estados Unidos y Japón.
En Europa no hay ninguna mina abierta de tierras raras, pero sí hay algunos proyectos. El de Ciudad Real es modesto por tamaño (unas 20.000 toneladas de óxidos más otras 10.000 probables), pero destaca entre los demás por su alto contenido en neodimio, praseodimio y europio, que son tres de los más codiciados elementos.Pero tiene mucho que ver, porque la empresa española Quantum Minería está proyectando abrir muy cerca una mina de tierras raras, nombre bajo el que se agrupan 17 elementos químicos metálicos usados en la fabricación de alta tecnología: ordenadores, televisiones, turbinas de generadores eólicos, baterías de coches híbridos… Los imanes que hacen vibrar los altavoces que producen el sonido de un iPhone, por ejemplo, se hacen con algunos de ellos. Y la mayor parte de las 110.000 toneladas que se producen al año en el mundo (86%, en 2014) procede de China, lo que otorga al gigante asiático una posición de enorme ventaja comercial, casi de monopolio, en torno a esta materia prima clave.
Arma geopolítica
Durante años, las potencias occidentales vivieron razonablemente tranquilas del mineral chino, hasta que en 2010 el Gobierno de Pekín comenzó a utilizarlo como arma geopolítica. Impuso fuertes restricciones a su exportación con el argumento de proteger el medio ambiente; el lamentable estado de los alrededores de la ciudad de Baotou, al norte del país, es un buen ejemplo. Allí, donde además de extraer el mineral se procesa (esta es la parte más contaminante), se han tenido que reubicar poblaciones enteras por la contaminación del aire, la tierra y el agua.
China consiguió reforzar la posición de sus industrias tecnológicas e, incluso, que empresas japonesas se mudasen allí para asegurarse el suministro. Y llegó a usarlo como moneda de cambio diplomático: amenazó con cortar la venta de tierras raras a Japón si las autoridades niponas no devolvían al capitán de un barco pesquero capturado muy cerca de Senkaku, una isla deshabitada cuya soberanía reclaman ambos países.

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